cuento caperucita

Algunos centros educativos han vetado cuentos de la literatura clásica infantil por considerar que ofrecían modelos machistas y que esto podría tener incidencia en las niñas y niños que los leían, pues este tipo de literatura se ofrece en la edad que sus modelos de aprendizaje y de comportamiento se están asentando. Verdaderamente la noticia induce a la reflexión y al análisis, en especial para las familias preocupadas por la educación de sus hijos, que son precisamente las que promueven la lectura.

A esta cuestión ha habido respuesta en los últimos años. Encontramos obras adaptadas: que trabajan de forma más actual la perspectiva de género; donde las princesas salvan al príncipe; las jovencitas se defienden solas del temible lobo; historias en las que el lobo no es malvado —con una visión ambientalista—; relatos que hablan de integración, de diversidad familiar o donde se incluyen personas de distintas etnias.

Ha surgido un modelo de cuento actual pero que todavía es emergente, como señala Teresa Colomer en su estudio: «A favor de las niñas. El sexismo en la literatura infantil». El trabajo se ha realizado con una muestra de 150 títulos la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), bien valorados por la crítica, editados desde los años 70 (para edades de entre 5 y 15 años). El resultado muestra que el 62,8% de los protagonistas son masculinos, llegando al 71,2% en el grupo de 10-12 años. Esto apoya la idea de trabajar también desde el mundo editorial en los nuevos valores sociales y ambientales, y de evaluar los cuentos que se han editado hasta la actualidad.

En esa evaluación también debemos considerar otros análisis, como el de la Asociación Cultural Hamelín, una entidad altamente especializada en tendencias literarias infantiles, que manifiesta que hay que ser prudentes con las adaptaciones del cuento clásico, señalando que «el cuento clásico ofrece una interpretación simbólica del mundo dando respuesta a preguntas profundas que nos hemos hecho desde siempre. Reescribirlos para contextualizarlos a lo políticamente correcto, les priva de su fuerza y de su sentido más profundo. Al igual que los clásicos de la literatura infantil que hoy vemos como racistas o sexistas», recordemos que Hemingway dijo que: «Huckleberry Finn es la fuente de toda la literatura estadounidense».

Pero la aparición de cuentos, más ambientalistas o que promueven la igualdad, no da respuesta a la pregunta: ¿ofrezco el cuento clásico a mis hijos o hijas? ¿Fulminamos los cuentos tradicionales y los lanzamos a la hoguera?

 

Dos perspectivas diferentes del cuento de Caperucita Roja reflejadas en la ilustración siglo XIX y la Ilustración del cuento Lo que no vio Caperucita Roja de Mar Ferrero (Editorial Edelvives).

Pues bien, también podemos aprovechar los valores que transmiten. Por otra parte, son cuentos de fácil comprensión, donde aparece lo correcto y lo incorrecto, se identifican claramente los personajes buenos y los malos, donde se encuentran mensajes actuales. Caperucita nos previene de los abusadores sexuales y de los desconocidos. Un mensaje válido hoy día. Como señala Begoña Regueiro, profesora de la UCM: «los cuentos de hadas están pensados para calmar miedos y ansiedades infantiles, enseñan que los protagonistas superan las dificultades, ofrecen tranquilidad y abren la puerta a relaciones firmes». Y, al fin y al cabo, como señala esta autora, son historias que llevamos contando miles de años en algún caso.

 

La decisión está en la mano de cada persona, tiene su complejidad. Pero decidamos, y ofrezcamos libros. Y lo mejor: leerlos, comentarlos y trabajarlos con los jóvenes lectores.

 

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