En estas fechas, donde el cambio climático hace patente la problemática ambiental, y donde se aborda la necesidad urgente de conseguir la igualdad de derechos entre mujeres y hombres —hoy es ocho de marzo—, es oportuno hablar de Arabella Burton Buckley (1840 – 1929). Creo que encaja hablar de ella por dos razones: por una parte, fue una de las primeras personas que abordó la sensibilización por la naturaleza (hoy diríamos educación ambiental), dando conferencias a la juventud, que luego recopiló en los primeros libros de literatura infantil y juvenil en materia de ciencia y educación ambiental. Segundo, porque como tantas mujeres, no tuvo el reconocimiento y la oportunidad que sí tuvieron los hombres en la sociedad victoriana en la que vivió, donde se invisibilizaba el trabajo hecho por las mujeres.

Arabella, como otras mujeres de esa época, vivió en un periodo interesante de la ciencia, pero donde los hombres eran los protagonistas y tenían a mujeres como colaboradoras, pero nunca se les reconocía su trabajo, ni se les trataba como científicas. Con solo 24 años empezó a trabajar como secretaria del célebre geólogo Charles Lyell, lo hizo durante 11 años (entre 1864 y 1875 fecha en que murió Lyell). Dadas sus habilidades, entabló amistad con Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, con quienes mantenía correspondencia.  Leyendo sus libros uno se hace a la idea de que era una mujer con amplia formación científica y buena cultura.

Como secretaria de Lyell, recogió información sobre el comportamiento de las palomas para los trabajos de Darwin, quién solicitó a Lyell como debía citar la información recogida por Buckley, si «información recibida mediante Sir Ch. Lyell» y si citaba directamente a Buckley. El resultado es que no se citó.

A la muerte de Lyell comenzó a dar conferencias y a escribir sobre ciencia. Por una parte por sus conocimientos y habilidades pedagógicas, las charlas seguramente las acompañaba de experimentos y talleres, la facilitaron iniciarse, pero es posible que también lo hiciese por necesidades económicas. Entre otros libros publicó The Fairy-Land Of Science, donde recopilaba charlas realizadas para niños, y veía el uso de la fantasía como un recurso para dar a conocer las maravillas de la naturaleza a la juventud.

 

 

Imagen: The Fairy-Land of Science (colección La Orquídea de Darwin – Natura y Cultura).

 

Arabella tuvo el apoyo de Darwin y de Wallace, seguramente por compasión y no por ver que en la lucha por la supervivencia, la mujer no jugaba con las mismas ventajas en un mundo donde la ciencia era de los hombres. Y para ver el alcance de nuestra mujer de ciencia, es importante reconocer que Charles Lyell, aunque apoyó a Darwin, nunca estuvo convencido de su teoría dadas sus creencias religiosas. Pero Arabella Buckley se convirtió en una darwinista convencida que defenderá la teoría de la evolución en varios libros científicos. En uno de ellos señala:

«Podemos aprender que la lucha por la existencia, que enseñó a la hormiga a sacrificarse por la comunidad, también enseña el abnegado esmero de una madre por su hijo, la dedicación entre amigos, y resulta en un delicado amor por todos los seres vivos ya que reconoce que la simpatía y la ayuda mutua son dos de las armas más poderosas, que son sin duda los dos incentivos más nobles que pueden ser utilizados en la lucha de la vida

 En 1888 publica la cuarta edición de un manual de ciencias naturales: A short history of Natural Science for the use of schools and young persons, utilizado en las escuelas y dirigido a la gente joven. En él Buckley decía: «los griegos fueron ignorantes en el conocimiento de la naturaleza porque no comprendían que las cosas sucedían por causas naturales y no a causa de dioses». Y haciendo referencia al origen de los seres vivos y a la transmisión de sus caracteres, comentaba en su libro que «la Teoría de la Selección Natural o teoría darwiniana como es a menudo llamada, fue principalmente elaborada por el gran naturalista Charles Darwin».

 En relación a la importancia de la obra de Arabella, un editor americano recoge en un anuncio de libros lo siguiente: «el que tenga hijos, y los saque a orearse al monte, cómpreles la novela mejor, que es el libro de Arabella Buckley, donde la ciencia nueva centellea y entretiene, y se aprende cuanto de veras se sabe, en la Historia breve de la ciencia natural».

Arabella fue una pionera en popularizar la historia natural entre la juventud desde la literatura. Adaptando el lenguaje científico al público más joven. Demostró ser tan experta como otros autores más reconocidos, por ejemplo Charles Kingsley. Y fue más allá, inició la sensibilización ambiental cuando en obras como The Life of a Primrose, incluida en The Fairy-Land of Science (1878) plantea el valor de una planta, concretamente de una pequeña flor con independencia de su relación o valor para el ser humano. Pero ¿quién conoce y más aún ha leido a Buckley y otras mujeres que escribieron para popularizar la ciencia entre la juventud?

 

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